viernes, 10 de agosto de 2012

Capítulo IV: Juguetes eternos



Dos pasos…solo dos pasos hacia adentro y tropezó con un camioncito de madera , de esos que no hay en jugueterías caras, ni en tiendas del mercado, de esos que les venden a la gente que no tiene con qué pagar uno de plástico, uno de metal, uno de colores brillantes , con luces o control remoto.

De esos que sólo le vendían a él y a otro puñado de gente que no conocía pero de quienes sabía su situación porque todos vivían la misma realidad, esa realidad que compartía un camioncito de madera cargado de pocas cosas materiales pero que pesaba por la cantidad de esperanzas rotas que yacían inertes en su interior.

Un camioncito más… ahora era un camioncito menos, que descansaba en mil pedazos en el piso frío de cemento, exhibiendo sus extremidades por partes, presentándose en una forma indeseable y triste.

Triste para él que año tras año había ido destrozando emocionalmente a todo y a todos los que le rodeaban y que solo ahora, solo esta noche , en la estupidez de su alcoholizada humanidad lograba entender y ver todo lo que había hecho… y deshecho en su vida.

Sólo ahora que de forma física, tangible y visible, lograba comprender la gravedad de la situación para los que había dejado atrás.

Una a una las lágrimas tocaron el cemento, unas con rabia, otras con arrepentimiento y otras más cobardes con autocompasión, pero todas al final con la repentina lucidez que le proporcionaron esos dos desafortunados pasos que le quitaron un camioncito y que le devolvieron la cordura.

El primer rayo del sol atravesó su ventana polvorienta y él se incorporó para asearse.

Afeitó esa barba que había dejado crecer junto con sus problemas y ordenó sus cabellos para verse como antes de tener barba.

Planchó su ropa y se fijó en cada arruga, en cada pliegue, en cada costura que tenía que ser perfectamente allanada.

Perfumó su rostro y salió de su casa, no era hogar, solo era casa.

Caminó durante una hora y media y llegó a su destino, tocó la puerta y salió ella, la que había conocido al hombre anterior , al hombre de la barba, al hombre de la botella en la mano, al hombre que alguna vez antes de todo eso le había conocido.

Detrás de ella estaba otra persona, la otra persona que nunca la había abandonado, el que había estado cuando él se iba, el que la había consolado cuando él la hacía llorar, el que la había cubierto de besos cuando a él no le quedaban ya sentimientos y el que estaba a su lado ahora que él ya no estaba.

Miró a ambos con los ojos llenos de lágrimas, se dirigió al que estaba con ella y metió la mano dentro del saco en un rápido movimiento de impaciencia y desesperación.

El que estaba con ella sonrió, abrazó al hombre que estaba arrodillado  y le besó el rostro mojado. 

Su camioncito pegado parte por parte nuevamente le pertenecía y como si nunca se hubiera roto se alegró de tener de vuelta a su juguete y a su padre.








2 comentarios:

Branko Bezerra dijo...

nice pulguita.
me gustó.

Unknown dijo...

increible muy wenisisisisisismo casi lloro!!!