jueves, 16 de agosto de 2012

Canción sin melodía




Aplanar  las calles
Evocando tu sonrisa
Mirar hacia adelante
Rodar con prisa
Dejar que las ruedas
Pisoteen esta pena
Intentando salir
De esta eterna condena

Una luz de semáforo
Me indica que me detenga
Ya vi antes esta luz
Y no dejé que me contenga
Porqué habría de hacerlo ahora
Cuando todo está hecho
Cuando no queda nada
Cuando la marca está en mi pecho

Aplanar las calles
Pisotear esta pena
Acelerar el olvido
Dibujarte las venas.

viernes, 10 de agosto de 2012

Capítulo IV: Juguetes eternos



Dos pasos…solo dos pasos hacia adentro y tropezó con un camioncito de madera , de esos que no hay en jugueterías caras, ni en tiendas del mercado, de esos que les venden a la gente que no tiene con qué pagar uno de plástico, uno de metal, uno de colores brillantes , con luces o control remoto.

De esos que sólo le vendían a él y a otro puñado de gente que no conocía pero de quienes sabía su situación porque todos vivían la misma realidad, esa realidad que compartía un camioncito de madera cargado de pocas cosas materiales pero que pesaba por la cantidad de esperanzas rotas que yacían inertes en su interior.

Un camioncito más… ahora era un camioncito menos, que descansaba en mil pedazos en el piso frío de cemento, exhibiendo sus extremidades por partes, presentándose en una forma indeseable y triste.

Triste para él que año tras año había ido destrozando emocionalmente a todo y a todos los que le rodeaban y que solo ahora, solo esta noche , en la estupidez de su alcoholizada humanidad lograba entender y ver todo lo que había hecho… y deshecho en su vida.

Sólo ahora que de forma física, tangible y visible, lograba comprender la gravedad de la situación para los que había dejado atrás.

Una a una las lágrimas tocaron el cemento, unas con rabia, otras con arrepentimiento y otras más cobardes con autocompasión, pero todas al final con la repentina lucidez que le proporcionaron esos dos desafortunados pasos que le quitaron un camioncito y que le devolvieron la cordura.

El primer rayo del sol atravesó su ventana polvorienta y él se incorporó para asearse.

Afeitó esa barba que había dejado crecer junto con sus problemas y ordenó sus cabellos para verse como antes de tener barba.

Planchó su ropa y se fijó en cada arruga, en cada pliegue, en cada costura que tenía que ser perfectamente allanada.

Perfumó su rostro y salió de su casa, no era hogar, solo era casa.

Caminó durante una hora y media y llegó a su destino, tocó la puerta y salió ella, la que había conocido al hombre anterior , al hombre de la barba, al hombre de la botella en la mano, al hombre que alguna vez antes de todo eso le había conocido.

Detrás de ella estaba otra persona, la otra persona que nunca la había abandonado, el que había estado cuando él se iba, el que la había consolado cuando él la hacía llorar, el que la había cubierto de besos cuando a él no le quedaban ya sentimientos y el que estaba a su lado ahora que él ya no estaba.

Miró a ambos con los ojos llenos de lágrimas, se dirigió al que estaba con ella y metió la mano dentro del saco en un rápido movimiento de impaciencia y desesperación.

El que estaba con ella sonrió, abrazó al hombre que estaba arrodillado  y le besó el rostro mojado. 

Su camioncito pegado parte por parte nuevamente le pertenecía y como si nunca se hubiera roto se alegró de tener de vuelta a su juguete y a su padre.








lunes, 6 de agosto de 2012

Capítulo III : Las Pastillas


El teléfono sonó y en su cabeza retumbó como si hubiera despertado dentro de la campana de una iglesia.

Inclinada sobre el excusado y con los ojos inyectados de sangre pensó en la posibilidad de correr a atenderlo, casi pudo escuchar la respiración de Bruno en el auricular y se desesperó por limpiarse la boca.

Antes de poder incorporarse, el aparato dejó de sonar y ella con resignación pensó en restarle importancia diciéndose a sí misma : " ...si es importante volverán a llamar". 

Bruno del otro lado se debatía entre volver a marcar su número a riesgo de parecer insistente o dejar las cosas tal como estaban.

Ella terminó de cepillarse los dientes, dio una vuelta por la sala y miró de reojo el teléfono y pensó que este le devolvía una mirada de fastidio.

Se obligó a no pensar mas en el asunto y miró dentro de la heladera, se culpó por no haber tomado el helado de frutilla la noche anterior después de poner sobre su lengua las 2 pastillas que le tocaban.

"Hoy voy a tener que tomarlo"-se dijo.

De nuevo su lengua transportó las pastillas hacia algún lugar donde se convertían en algo que le hacía bien a su cerebro y destruía el resto de su cuerpo.

Rápidamente se sirvió una taza de helado y se sentó en el sillón de la sala.

Estaba saboreando la primera cucharada cuando el teléfono empezó a gritar su nombre, así al menos se lo imaginó. 

Levantó el auricular y dijo : "hol..." -y fue interrumpida. -"...su compañía telefónica le informa que ..." .

Colgó el teléfono con violencia, se levantó del sillón y ... de nuevo el teléfono...

- Hola! - dijo frunciendo el ceño.

Nadie dijo nada, y cuando estaba a punto de colgar ...

- Eh... ho..hola, yo...no sé si es buen momento... perdón si te desperté.

Todo el ruido en su cabeza cesó , sus ojos se abrieron como si con esta acción pudiera ver a su interlocutor, sintió el estómago frío y ...eso podía ser por el helado.

-         No, no , sorry , pensé que era una llamada de la compañía telefónica.
-         Jajajajaja, a mí también me ponen de mal humor. Y entonces? Qué harás hoy?
-         Lo mismo de todos los días Pinky, tratar de conquistar el mundo… persona por persona …
-         ¿Ah sí? , jajajaja , suena divertido, me ofrezco como voluntario

Bruno no pudo creer que había dicho algo así.

Luna tampoco, se hizo un silencio incómodo.

Y ella dijo : Bueno me avisas si sales, yo estaré por ahí.

-         Claro - dijo él - … oye estás ronca, qué te pasó? Te estás resfriando?
-         No, nada que ver, es mi medicación, me hizo mal de nuevo y ya sabes cómo es.
-         Uhh que jodido… oye si no podés salir hoy , yo entien…
-         No, no , esto se me pasa luego, nos vemos hoy. Ok?
-         Bueno , entonces … nos vemos.

Colgó el teléfono y no supo si tomar helado para refrescar el estómago o enfriar sus sentimientos.

“En algún lugar de mi estómago debe estar mi alma no digerida, porque estoy segura de que me la tragué”

Pensaba en esto y en su incapacidad de exteriorizar afecto por los demás: abrazos, besos, cercanía con las demás personas. Eran cosas que de solo pensarlas la ponían incómoda.

“Eleval, Kopodex, oxicodal…no recuerdo los demás” – se dijo.

Las cucharadas de helado pasaron de sólidas a líquidas entre pensamiento y pensamiento.

“Algún día este hielo también se derretirá”

Buscó una manta y se quedó dormida.

Mientras la manta abrigaba su cuerpo, ella soñó que encontraba su alma.

La encontraba entre un charco de hielo derretido adornado por pastillas anticonvulsivantes.

Su Yo incorpóreo, desafiante, dijo: "Yo ya no te pertenezco".

Y cuando quiso moverse, se vio de hielo.